La semana pasada, luego de la oficina, ya de noche fui al supermercado pensando cómo hacer una comida decente (decente quiere decir que además de alimentar el cuerpo alimente el espíritu) y que la pudiera preparar y comer en el poco tiempo que me quedaba entre el yugo y la cama.
La fila para llegar hasta las cajas era eterna. Atrás de mí se puso con su carrito una señora mayor y elegante en su extrema sobriedad al vestir. Surgió una conversación de cola de supermercado, de esas como en los ascensores, en la que esta señora mostró un modo amable y educado.
De aburrido nomás, me puse a mirar lo que llevaba en el carrito y noté con cierto asombro: una botella de cosecha tardía (esas de 500cm3) de Ruttini que cuesta unos 100 mangos; una botella de Barón B (¿estará $60 ó $70?); unos chocolates suizos Villars; y algunas otras delicatessen por el estilo. También tenía cuatro botellas de aceite de oliva extra virgen Oliovita (sanjuanino, nunca la probé).
Me sorprendí mucho por la disonancia entre la compra y el look de la señora más de abuelita buena que tendría que comprar comida para los nietos y el gato; y también porque es más común ver llenando el carro de cosas así a un hombre para que luego su mujer le grite: - ¡Gastaste $400 y no trajiste nada! -.
Como si eso fuera poco, la señora tenía anotadas las de cosas para comprar, y mi impertinente curiosidad me permitió ver el primer ítem de la lista: foie gras.
– Chau, - pensé - ¡Está vieja la tiene clara! –. Perdón por lo de “vieja” pero cuando uno piensa para dentro no hace falta ser galante.
Le dije: - Disculpe señora, pero usted no compra nada malo, ¿verdad? -
Sonriendo, me contestó sabiamente: – Hay veces en que no se puede, así que mientras se pueda… -
En eso llegó otra señora, igualmente vestida con sobriedad toda de negro con una bandeja de tomatitos baby (esos que parecen calabacitas), y se los mostraba a la otra destacando sus formas y colores como si miraran una linda artesanía.
Ahí, cuando las vi juntas caí: ¡eran las hermanas Concaro! A la primera Señora (ahora con mayúscula) cuando estaba sola no la identifiqué, pero juntas eran inconfundibles: son como el dúo dinámico, o Abbott y Costello, o Thelma y Louise, o que se yo. Eso sí, nunca me acuerdo cual es Ada y cual es Ebe.
Dado que ya estoy grandulón para actuar como una groupie, mantuve la calma y le dije: - Claro, es que usted cocina y sumamente bien, lo comprobé en su restaurante -; y me respondió con una dulce sonrisa.
Lo útil de la historia (basándome en el Principio de Autoridad):
- A ese Ruttini habrá que probarlo cuando dé el bolsillo.
- Al chocolate Villars, que los chocolatófilos lo compren ya.
- Sospecho que a pesar de tantas novedades, el Barón B debe seguir siendo uno de los mejores espumantes argentinos.
- Oliovita…mmhhh… ¿será tan bueno como el Olium?
Señoras Concaro, si de casualidad leen esto, sepan disculpar a esta especie de paparazzi que publicó imágenes de la intimidad de su carrito de supermercado. Sepan que sólo la admiración motivó esta indiscreción.

