Se sabe que la importancia que Borges le daba a la comida era nula. Lo he visto almorzar más de una vez en el restaurante Norte de la calle Charcas, cerca de Maipú, y siempre tenia delante suyo un invariable plato de arroz blanco. Incluso cuando algún ministro de cultura francés (por ahí fué el mismo Malraux) le otorgó una condecoración y la tradición de las condecoraciones francesas_de esas que, al igual que un cigarrillo_no se le niegan a nadie, incluye una cena en La Tour d'Argent, Borges esquivó el famoso canard a la presse y pidió arroz blanco. El Malraux de turno le susurró escandalizado al oído "Mais, Monsieur Borges, nous sommes a la Tour d'Argent!", a lo que Borges respondió impasible"Eh, bien. Vedrons maintenant comme est que ils faisons le riz blanc a la Tour d'Argent".

Ese mismo Borges, que en un acto de consciencia gastronómica declaró que se había separado de Elsa Astete Millán el día en que ella le sirvió una ensalada con café con leche, es el que elije entre los mejores relatos que leyó en su vida un famoso cuento árabe sobre la importancia del placer en el comer.

”Kardan cayó enfermo, ya de muerte, y tratando de satisfacer una última voluntad su tío le preguntó qué quería. Kardan contestó: comer. Su tío le dijo ¿Qué deseas comer? La cabeza de dos corderos.
-No hay.
Entonces las dos cabezas de un cordero.
-No hay.
Entonces no quiero nada."

Tambien es ese Borges, el del arroz blanco y los copos de maiz y el dulce de leche como alimentos predilectos, el que cuenta que Pierrette Savarín, hermana del célebre escritor , también hizo que el placer de comer la acompañara hasta el final. Murió a los 99 años y diez meses, sentada a la mesa, casi al final de una comida. La fulminó una apoplejía que le obligó a reclamar a la camarera con la última fuerza que le quedaba: "Esto se termina. Pronto, hija mía!, tráeme los postres que me queda poco tiempo!”